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En el brazo de la Vía Láctea hogar de la humanidad hay mundos colonizados por el hombre más allá de los límites de la más o menos laxa confederación de planetas llamada Ekumene. Esto es así no porque no merezcan unirse a los demás sino porque su independencia es adecuada para determinados fines. También es cierto que estos asentamientos son más recientes que aquellos de la primera oleada de colonización, como los planetas Estigia o Bagush, fruto del uso de la tecnología de los misteriosos alienígenas zaat, que literalmente sembró el brazo de la galaxia con nuevos mundos para el ser humano. Lilith es una mujer, pese a que ella sienta dudas sobre su naturaleza en ocasiones, que se dirige a Kalabanda desde la oculta sede de la corporación Modesp para cumplir así con su destino, o por lo menos aquel que se le había trazado tras haber recibido la empresa un encargo del regente de aquel planeta: ser la Superconcubina por definición, la amante absoluta, definitiva incluso. Sería imposible pensar que la acogida que tuvo en Kalabanda no fue espléndida en cuanto a lujo y detalles hacia ella. Pero los usos de sus habitantes son rebuscados y Lilith debe esperar. Finalmente, cuando las complejidades de su nuevo hogar parecen haberse resuelto, un golpe del destino (fruto de intrigas externas e internas) le hace marchar de allí hacia Onnela, un muy conveniente lugar fuera de la Ekumene donde es legal todo lo que se pueda comprar con dinero. Una vez allí, se ve forzada a reconvertir sus conocimientos para sobrevivir y comprar su libertad. Es en Onnela donde Lilith va a lograr ser ella misma, crecer y madurar, ser autónoma y desvelar los secretos sobre su vida que ocultó Modesp, junto a otro tipo de revelaciones.






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