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Luna ofuscada 288

Barragán, Eugenio


     La tormenta solar se aproxima a la luna en cuarto creciente. La sonrisa se dibuja con el paso de los días, poco a poco. Inesperadamente, se desvanece y mengua con gran rapidez. Las fuerzas de la oscuridad se rebelan contra el orden natural del firmamento, cuchichean entre sí para invertir el orden o encontrar el correcto que buscaron durante eones.


     La luna recobra su esplendor, una luna llena teñida de rojo. Luce una sonrisa radiante y aviesa. El planeta vecino ya no es azul, incapaz de reflejar nada. Solo tinieblas en su atmósfera irrespirable.


     La luna claudica, se viene abajo, por unas horas interminables. Derrama lágrimas sobre el polvo cósmico, entre restos de estrellas extintas, deshechas por la falta de gravedad. No puede soportar por más tiempo la terrible presión durante su libración. Saturno renquea con su bastón, se envuelve en su túnica que arrastra con cada paso. Toma fuerzas, lanza el fanal y lo arroja sobre el movimiento de traslación lunar.


     La luz se desparrama y la oscuridad es golpeada intensamente. Una gran sonrisa luce en la luna llena, durante días. Mercurio huye, teme lo peor. Venus escribe poemas sin rima, lo más parecido a lamentos desesperados. El resto de planetas, ajenos a las extrañas leyes, naufragan a la deriva por otras órbitas afines.


     La oscuridad se organiza, posee el don de la paciencia, pero no retrocede, se agazapa, espera. La luna claudica, no puede soportar por más tiempo la presión, se viene abajo. La negra marea arrastra las estrellas más próximas. Arrasa sin oposición, forma un torbellino por la fuerza centrífuga y se precipitan por el sumidero creado por el vacío de la luna. No hay sonido de fondo en el agujero negro.

FLIS00 00 00 0800 4100 0000 00 00 00ff ff ff ff00 0100 0300 00 00 0300 00 00 01ff ff ff ffFCIS00 00 00 1400 00 00 1000 00 00 0100 00 00 0000 00 0b d400 00 00 0000 00 00 2000 00 00 0800 0100 0100 00 00 003918400778 Ficción Científica: Relatos

Luna ofuscada 288

Barragán, Eugenio


     La tormenta solar se aproxima a la luna en cuarto creciente. La sonrisa se dibuja con el paso de los días, poco a poco. Inesperadamente, se desvanece y mengua con gran rapidez. Las fuerzas de la oscuridad se rebelan contra el orden natural del firmamento, cuchichean entre sí para invertir el orden o encontrar el correcto que buscaron durante eones.


     La luna recobra su esplendor, una luna llena teñida de rojo. Luce una sonrisa radiante y aviesa. El planeta vecino ya no es azul, incapaz de reflejar nada. Solo tinieblas en su atmósfera irrespirable.


     La luna claudica, se viene abajo, por unas horas interminables. Derrama lágrimas sobre el polvo cósmico, entre restos de estrellas extintas, deshechas por la falta de gravedad. No puede soportar por más tiempo la terrible presión durante su libración. Saturno renquea con su bastón, se envuelve en su túnica que arrastra con cada paso. Toma fuerzas, lanza el fanal y lo arroja sobre el movimiento de traslación lunar.


     La luz se desparrama y la oscuridad es golpeada intensamente. Una gran sonrisa luce en la luna llena, durante días. Mercurio huye, teme lo peor. Venus escribe poemas sin rima, lo más parecido a lamentos desesperados. El resto de planetas, ajenos a las extrañas leyes, naufragan a la deriva por otras órbitas afines.


     La oscuridad se organiza, posee el don de la paciencia, pero no retrocede, se agazapa, espera. La luna claudica, no puede soportar por más tiempo la presión, se viene abajo. La negra marea arrastra las estrellas más próximas. Arrasa sin oposición, forma un torbellino por la fuerza centrífuga y se precipitan por el sumidero creado por el vacío de la luna. No hay sonido de fondo en el agujero negro.