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A quien corresponda

Cascales Vázquez, José

 

Las dos primeras décadas del siglo XXI fueron las más prolíficas en el desarrollo tecnológico de la historia de la Humanidad. Los descubrimientos en el campo de la mecánica cuántica y la comprensión de la ciencia por parte de la población, generó un pico de demanda social hacia los científicos para que nos pronunciásemos sobre los viajes en el tiempo.

 

La gente quería saber si sería posible conocer a sus antepasados, si su enfermedad mejoraría, si los hijos tendrían un buen futuro, si les tocaría la lotería, si los dinosaurios desaparecieron por el choque de un cometa…

 

Hicimos todas las especulaciones, simulaciones y experimentaciones posibles.  Desgraciadamente, la física fue tozuda no queriendo cambiar sus leyes.

 

Extenuados por el esfuerzo, sentenciamos:

 

"Las teorías de viajes en el tiempo no son más que eso, teorías. El pasado es pasado y es imposible volver a él. El futuro es futuro y es inalcanzable”.

 

En aquellas reuniones, algunos defendíamos otras alternativas para los viajes al futuro. Recuerdo el último rifirrafe:

 

—El futuro no está creado y existen infinitas posibilidades, infinitos caminos que se desarrollarán de infinitas formas y no los hemos descubierto. Hoy por hoy, viajar al futuro es imposible, aunque existe otra posibilidad. —No era la primera vez que utilizaba mi argumento, pero la comunidad ya estaba derrotada por las evidencias.

 

—Amigo Isaac, el futuro es influenciable por los hechos que acontecen, puede moldearse superficialmente, pero siempre surgen interacciones que modifican el comportamiento del tiempo y convierten al futuro en impredecible. Por eso es imposible ir al futuro. —El doctor González utilizaba las conclusiones a modo de dogma.

 

Yo me defendía.

 

—No hablo de máquinas, ni de entrelazamientos cuánticos, ni cuerdas cósmicas, ni agujeros de gusanos, ni pliegues del espacio - tiempo. Tampoco hablo de leyes imposibles de ejecutar. Hablo de cerrar los ojos y abrirlos cientos de años más tarde. Un viaje unidireccional sin posibilidad de retorno al pasado.

 

Y me replicaban.

 

—Tu y ese imposible despertar en el futuro. De todas formas, ¿de qué nos serviría, ahora en el presente?

 

A pesar de tener la respuesta preparada, me tomé un breve momento para observar los ojos del doctor, intentando penetrar en su mente, hundir mis manos en su cerebro y abrírselo para dar cabida a nuevas perspectivas. A pesar de la incomprensibilidad, no cejé en el empeño.

 

—A nosotros no nos servirá de nada, ni siquiera tendremos certeza del éxito. —Regresé al silencio unos segundos mientras giraba 360º mirando a todos los reunidos sin ver a nadie. Quería empujar mis palabras hacia sus cerebros, deseando una convergencia de todas esas mentes brillantes hacía mi argumento y convertirlo en un punto en común. —Les servirá a ellos, dispondrán de la experiencia directa de nuestras vivencias y especulaciones en el siglo XXI. Tendrán una historia viva del pasado y un análisis real de aquel presente. Un aviso de lo que nos preocupaba para el futuro, su presente. Así, tal vez, ellos podrán dirigir su futuro.

 

—Isaac, tu viaje al futuro es un suicidio sin paliativos.

 

Esas fueron las últimas palabras que escuche del doctor González.

 

Me expulsaron del gabinete de asesores de la Organización Mundial de la Ciencia, en ese preciso instante.

 

Me largaron, pero no estaba derrotado.

 

Impliqué a varias corporaciones para obtener apoyo financiero y técnico.

 

Recluté a un reducido equipo de “creyentes” que me ayudaron en mi empeño de ser el primer viajero al futuro.

 

Gracias a Spacex Corporation, desarrollamos una cápsula espacial que se lanzó hacía la órbita del asteroide 2016 HO3 el 14 de febrero del año 2025. En su interior, dos vasos Dewar para la criopreservación humana, cedidos y adaptados por Alcor Life Extension Foundation, diseñados específicamente para albergar dos cuerpos completos de personas sumergidas en nitrógeno líquido a 77K (–196 °C).

 

El cuasi-satélite de la Tierra, 2016 HO3 era perfecto para nuestros planes, nunca se alejaría más de cien veces la distancia entre la Tierra - Luna y su órbita sería estable durante cientos de años.

 

No hubo mucho tiempo para experimentaciones y teníamos muchas cosas que resolver si queríamos “volver” quinientos años más tarde.

 

Asumimos riegos.

 

Se crearon cinco equipos de trabajo, basados en la reanimación y coordinados por mí:

 

El primero se centró en la reparación de los posibles daños por la falta de oxígeno.

 

El segundo eliminó la toxicidad de los crioprotectores.

 

El tercero evitó las fracturas ocasionadas por la tensión térmica.

 

El cuarto desarrolló la congelación de tejidos no vitrificados correctamente.

 

El quinto trabajó sobre la regeneración exhaustiva de tejidos.

 

Creamos nanomáquinas y nanopartículas, ensambladores moleculares, reparadores estructurales… una cantidad inmensa de organismos y dispositivos microscópicos que restablecerían la estructura celular y química a nivel molecular, antes de la recuperación térmica.

 

Y lo conseguimos, yo soy la prueba viviente de que el viaje al futuro es/fue posible.

 

En el año 2029, yo tenía treinta y ocho años y hoy, según lo que se lee en las pantallas, en el año 2529 sigo teniendo los mismos años, pero quinientos años más viejo.

 

Fatalmente, un éxito no completo.

 

Mi compañera no ha sobrevivido y su vaso Dewar solo contiene restos óseos de lo que fue una persona, no sé lo que ha ocurrido, pero tampoco lo investigaré ni lo podré compartir con la humanidad del futuro.

 

El futuro tomó una senda sin futuro y yo con él.

 

Fin de la grabación con destino “A quien corresponda”