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La señora Nines

Dolo Espinosa

 

            La señora Nines era de la opinión de que siempre es conveniente poner una vela a Dios y otra al Diablo para, de esta manera, estar a bien con ambos “porque  nunca se sabe lo que puede ocurrir”. Así que, sin dejar de acudir a misa todos los domingos y fiestas de guardar, la señora Nines (la viva imagen de la abuelita Paz… si la abuelita Paz le hubiera dado al anís un poquito más de la cuenta) también practicaba su poco de satanismo. Nada serio, ni sacrificios humanos, ni misas negras, ni orgías, ni nada parecido, que la señora Nines era muy señora y no se rebajaba a según qué cosas, faltaría más. Lo suyo era, como mucho, algo de magia negra, su poquito de vudú, alguna invocación sin importancia… Era, según ella, un entretenimiento “completamente inocente y sin ninguna maldad”.

 

            Por eso, cuando la señora Nines (ochenta orondos años) se enamoró de un jovenzuelo (30 gimnásticos años) no le fue difícil llegar a la conclusión de que la mejor solución a su situación era invocar al diablo y vender su vieja alma a cambio de que le devolviera la juventud y la belleza perdidas tanto tiempo atrás.

 

            Con lo que no podía contar la señora Nines era con que, justo el mismo día en que decidió hacer la invocación, se celebrara un gran aquelarre. Mejor dicho El Gran Aquelarre, la gran juerga, la reunión anual (e internacional) de brujas, demonios, súcubos, íncubos y demás seres del inframundo. Por supuesto, nadie quería perderse semejante fiestón ¿Quién querría? Incluso se rumoreaba que iría el hijo del Jefe: Anticristo; las brujas y súcubos (y algún íncubo) andaban como locas porque de todas eran conocidos los "poderes sobrenaturales" que poseía y que le habían hecho famoso en el mundo de la pornografía. De modo que, en el infierno, sólo quedaban unos cuantos diablillos de guardia que, por supuesto, estaban de muy mal humor y a la señora Nines le fue a tocar el más torpe, el más despistado y el más malhumorado de todos ellos.

 

            El diablillo, con la mente en la juerga que se estaba perdiendo, prestó poca atención a la señora Nines, prestó poca atención a lo que pedía y prestó escasísima atención al conjuro de concesión del deseo. Tan poca atención estaba prestando que hasta olvidó decirle a la señora Nines que firmara el contrato de cesión del alma. Cuando, más tarde, se dio cuenta de semejante desaguisado decidió que lo mejor era no decir nada a nadie pues ya le habían advertido que, de tener un fallo más, acabaría haciendo guardia a las puertas del infierno por toda la eternidad y, la verdad, él tenía aspiraciones más altas que esa...

         

          ¿Y qué fue de la señora Nines?

 

          Pues que el deseo le fue concedido… en cierta manera. Había recuperado la juventud y la belleza, desde luego, pero dado el pequeño despiste (bueno, vale, el garrafal fallo) del diablillo en cuestión, la Señora Nines recuperaba ambas cosas sólo los fines de semana. Así como el Hombre Lobo se transforma en este cánido las noches de luna llena, la señora Nines, en cuanto llegaba el viernes se transformaba en un pibón de 25 años… hasta el domingo, en que recuperaba su forma y achaques habituales. No era lo que ella quería pero, oye, encima que le había salido “gratis” no iba a ir quejándose ¿verdad?

 

            Quien no se conforma es porque no quiere y la señora Nines decidió que, aunque sólo fuera los fines de semana, iba a disfrutar como una loca de su segunda juventud.

 

            Intentó,pues, ligarse al treintañero buenorro, pero no funcionó porque el tal resultó ser gay y, además, casado. Cuando la señora Nines se dio cuenta de su falta de ojo clínico amoroso, en lugar de hundirse en la desesperación, pensó que ya no tenía edad para andar deprimiéndose por amores contrariados, se encogió de hombros y se fue de compras. Se compró toda la ropa sexy que encontró y, dispuesta a sacarse un sobresueldo (o una sobrepensión) se fue a un club de streap-tease y se presentó como stripper. Y, desde entonces, cada fin de semana, la señora Nines se transforma en Vicky, la stripper más sexy del Club Alucine. De viernes a domingo baila, bebe, se divierte y liga con quien quiere. Y, si el lunes por la mañana, se despierta con alguna de sus conquistas en su cama, la señora Nines se levanta sin hacer ruido, se viste y se va a la cocina. Cuando el ligue en cuestión se despierta, esperando ver a la chica con la que se divirtió la noche anterior, lo que se encuentra es una dulce ancianita que dice ser la abuela de Vicky y que le prepara el desayuno mientras le cuenta que su nieta ha tenido que salir corriendo por cualquier asunto.

 

            Así que, si un día conoces a una stripper llamada Vicky y pasas la noche con ella y, al despertar, te encuentras con que estás solo con su abuela… Y si la abuela en cuestión dice llamarse Nines… Tal vez sea sólo casualidad… y tal vez no. Sea como sea, disfruta del desayuno y piensa que podría haber sido peor, podrías haber ligado con una mujer lobo...

 

 

Dolo Espinosa

He publicado relatos y microrrelatos en revistas y antologías. Participo en varios libros de lecturas infantiles de la Ed. Santillana. Formo parte de la red de escritores Netwriters, colaboro de manera habitual con la web de cuentos infantiles EnCuentos y con la revista digital miNatura ( http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/ ). He publicado un álbum ilustrado infantil en Amazon: Pinocha y la poción mágica y un libro de relatos con la editorial Atlantis: Testamento de miércoles. Y, además, mantengo dos blogs: Testamento de miércoles ( http://testamentodemiercoles.blogspot.com ) y El cofre de los cuentos ( http://cofrecuentos.blogspot.com ) (este último de cuentos infantiles).
He escrito tambien una coleccion de cuentos de zombis "Mis queridos zombis". ( https://lektu.com/l/dolo-espinosa/queridos-zombis/5692 )